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jueves, 9 de julio de 2026

Fundición Averly_Historia




La Fundición Averly 
es uno de los símbolos más importantes de la industrialización de Zaragoza
 y uno de los conjuntos de patrimonio industrial más valiosos de Aragón.
 Durante más de siglo y medio fue un lugar donde se unieron 
ingeniería, arquitectura, artesanía y arte del hierro.

La historia comienza con Antonio Averly y Françon,
 ingeniero nacido en Lyon, que llegó a Zaragoza en la década de 1850. 
Participó primero en la creación de la Sociedad Maquinista Aragonesa,
 una de las primeras iniciativas industriales modernas de Aragón, 
con talleres en la zona de Torrero.

 En 1863 estableció su propio taller en la calle San Miguel, 
dedicado a la construcción de maquinaria y reparación de equipos industriales.
 La empresa fue creciendo hasta convertirse en una referencia nacional.

En 1880 Averly trasladó sus instalaciones al Campo del Sepulcro
junto a la estación ferroviaria, en el actual paseo María Agustín. 
Allí nació el gran complejo fabril que hoy conocemos.

El conjunto incluía:
talleres de fundición de hierro y bronce;
talleres de modelos de madera;
carpintería;
calderería;
montaje de maquinaria;
oficinas;
almacenes;
vivienda familiar.

La arquitectura combinaba la funcionalidad industrial 
con una notable calidad estética: 
ladrillo visto, grandes ventanales, estructuras metálicas 
y espacios pensados para aprovechar la luz natural. 

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, 
Averly fue una pieza fundamental de la modernización económica aragonesa.

Fabricó:
maquinaria para fábricas de harina;
turbinas hidráulicas;
piezas para ferrocarriles;
elementos agrícolas;
bombas y sistemas industriales;
maquinaria para bodegas, aceiteras y azucareras.

La empresa llegó a ser una auténtica escuela técnica 
donde se formaron generaciones de trabajadores especializados: 
fundidores, modelistas, ajustadores y mecánicos. 

Durante el siglo XX Averly fue adaptándose a los cambios industriales,
pero la transformación económica redujo progresivamente su actividad tradicional.
La antigua fábrica dejó de funcionar como gran complejo productivo
y comenzó una etapa marcada por el debate sobre su conservación.

El conjunto fue reconocido como patrimonio cultural aragonés, 
aunque parte de sus instalaciones originales desaparecieron 
durante los procesos urbanísticos iniciados en la década de 2010.

 

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