Blog Finalista Premios Aragón en la Red 2014

lunes, 6 de julio de 2026

La Mantería_Agustinos observantes







 La Mantería 
es el nombre con el que se conoce popularmente a la  
Iglesia de Santo Tomás de Villanueva
Se encuentra en la plaza de San Roque, junto al Coso.

Es uno de los templos barrocos más importantes de Aragón 
y el único resto conservado del antiguo convento de los agustinos observantes. 
Su construcción se desarrolló entre 1663 y 1683.

El exterior, construido principalmente en ladrillo 
siguiendo la tradición arquitectónica aragonesa, 
presenta una composición sobria,
apenas capaz de anticipar la extraordinaria riqueza de su interior.
La planta responde al modelo de cruz griega cubierta por cúpulas,
una solución característica del barroco español.

La Mantería_Pintura Mural








El mayor valor artístico de La Mantería
reside en el impresionante programa de pintura mural 
ejecutado entre 1683 y 1685 por Claudio Coello
pintor de cámara de Carlos II, con la colaboración de Sebastián Muñoz.

 Las bóvedas y cúpulas aparecen cubiertas por arquitecturas fingidas,
 balaustradas, cortinajes, ángeles, santos y alegorías 
que crean un extraordinario efecto de profundidad e ilusión espacial, 
inspirado en la gran pintura barroca italiana. 

El conjunto constituye una de las obras maestras 
de la pintura mural española del siglo XVII.

El programa iconográfico 
exalta la figura de Santo Tomás de Villanueva y la Orden Agustiniana 
mediante un complejo discurso visual propio de la Contrarreforma,
combinando símbolos, virtudes y escenas celestiales 
que culminan en la cúpula central con la glorificación de la Trinidad.

A lo largo de los siglos XIX y XX 
el edificio sufrió importantes daños debido a la desamortización, 
cambios de uso y problemas estructurales. 
En 2001 se desplomó una de las cúpulas, perdiéndose parte de las pinturas originales. 
Desde 2023 se desarrollan importantes trabajos de restauración 
destinados a consolidar la estructura 
y recuperar este excepcional patrimonio artístico.

Por la calidad y extensión de sus frescos,
la Mantería es conocida popularmente como la "Capilla Sixtina de Zaragoza"
siendo uno de los conjuntos barrocos más importantes y singulares de España. 

domingo, 5 de julio de 2026

Mercado Central_tarjetones





 Los esmaltes del Mercado Central de Zaragoza
son uno de los elementos decorativos más singulares del edificio.

Se trata de 42 tarjetones de hierro esmaltado y policromado
realizados por la empresa zaragozana Viñado y Burbano
fundada en 1890. 

El arquitecto Félix Navarro los incorporó
 para aportar color al gran friso metálico del mercado
 y, al mismo tiempo, identificar visualmente
 los productos que se vendían en cada zona.
Los motivos representados incluyen:

Carnes y ganadería (buey, cerdo, cordero, etc.).
Caza (como el jabalí o la liebre).
Frutas (uvas, melocotones, peras, cerezas...).
Hortalizas.
Pescados.

Originalmente, cada esmalte estaba colocado 
sobre los puestos que vendían ese producto.
 Sin embargo, durante la reforma de 1986 se desmontaron
 y, al volver a colocarlos, no se respetó su ubicación original
por lo que hoy aparecen en un orden distinto 
al diseñado por Félix Navarro.


Mercado Central_Esmaltes-Ganadería













Carnes y ganadería
Toro, vaca, ternero, cerdo, cordero, carnero,
 cabra, gallo, gallinas, pavo y pato 
representan los productos cárnicos y avícolas 
que tradicionalmente se comercializaban en el mercado.

Son un reflejo de la ganadería aragonesa 
y del papel del mercado como principal centro de abastecimiento de la ciudad.

Mercado Central_Esmaltes-Frutas












 Frutas
Los tarjetones con uvas, melocotones, peras, manzanas,
 cerezas, membrillos, naranjas, ciruelas, melones e higos
 representan la abundancia de la huerta y de los frutales del valle del Ebro.
 
Sus vivos colores servían para identificar visualmente los puestos de fruta 
y aportar luminosidad al interior del mercado.

Mercado Central_Esmaltes-Caza












Caza
Jabalí, corzo, conejos, liebres, faisanes, 
perdices, codornices y otras aves
 evocan una actividad muy apreciada a finales del siglo XIX. 

Estos motivos recuerdan que la caza 
constituía una parte importante de la alimentación 
y del comercio de la época.


 

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