Uno de los aspectos más extraordinarios del Palacio de Larrinaga
es la integración de todas las artes.
Arquitectura, escultura, cerámica, forja, ebanistería, pintura y vidrieras
fueron concebidas como un único conjunto decorativo.
Nada quedó sin ornamentar.
Los balcones presentan delicadas labores de hierro forjado.
Las molduras están cubiertas por guirnaldas vegetales.
Los capiteles mezclan elementos clásicos
con composiciones vegetales propias del Art Nouveau.
Las vidrieras filtran una luz coloreada
que transforma completamente el ambiente interior.


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