Esta obra está considerada por los especialistas
como el primer retrato oficial de Carlos IV de España
realizado por Francisco de Goya.
Fue pintada poco después de la subida al trono del monarca
y sirvió de modelo para versiones posteriores.
Goya combina la dignidad regia con un notable naturalismo,
alejándose de la idealización excesiva.
Estudios técnicos han revelado modificaciones en la postura del rey
realizadas por el propio pintor durante el proceso creativo.
La pintura se exhibe junto al retrato de su esposa, María Luisa de Parma,
reforzando el recorrido
dedicado a los retratos goyescos de finales del siglo XVIII.
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