Forma parte de la serie flamenca de la Historia de Moisés,
tejida en la segunda mitad del siglo XVI
en talleres de Audenarde (Flandes).
La escena no procede del libro del Éxodo,
sino de las Antigüedades judías de Flavio Josefo.
Según esta tradición, el pequeño Moisés,
criado en la corte egipcia por la hija del faraón,
fue presentado al soberano.
Éste colocó su corona sobre la cabeza del niño,
pero Moisés se la quitó y la arrojó al suelo,
provocando el asombro y la inquietud de la corte,
que interpretó aquel gesto como un presagio
de que el niño acabaría desafiando el poder de Egipto.
Lo que puede observarse en el tapiz
El faraón anciano, sentado en su trono y rodeado de dignatarios.
La princesa egipcia, arrodillada junto al niño, sorprendida por su acción.
Moisés niño, centro de la composición, sujetando o arrojando la corona.
Un numeroso grupo de cortesanos con expresiones de sorpresa.
Una rica cenefa de flores, frutas y pequeños animales, característica de los talleres de Audenarde,
con granadas, uvas, peras y calabazas, trabajadas con notable naturalismo.
La escena simboliza la superioridad del designio divino sobre el poder terrenal.
El gesto infantil de Moisés anuncia ya su futura misión
como libertador del pueblo de Israel.
Para los espectadores del siglo XVI,
este episodio era una prefiguración del triunfo
de la voluntad de Dios sobre los imperios humanos.