La Presentación de la Virgen
Representa a la Virgen María niña
ascendiendo las escaleras del Templo de Jerusalén
para ser consagrada a Dios.
En la parte inferior aparecen sus padres,
san Joaquín y santa Ana,
mientras el sumo sacerdote la recibe en lo alto de la escalinata.
La composición destaca por la arquitectura renacentista
y por el simbolismo de las quince gradas,
asociadas a los quince salmos graduales.
La escena procede de los evangelios apócrifos
y fue muy popular en la pintura hispana de los siglos XV y XVI.
La Natividad de la Virgen
Muestra el nacimiento de María en una estancia doméstica.
Santa Ana aparece reposando tras el parto
mientras varias mujeres atienden a la recién nacida:
unas la bañan y otras preparan las telas y objetos necesarios.
La escena refleja costumbres y mobiliario contemporáneos al pintor,
acercando el episodio sagrado al espectador.
Ambas pinturas forman pareja
y pertenecieron originalmente a un mismo conjunto
dedicado a la vida de la Virgen.


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