Es un tapiz de gran carga moral y simbólica
dentro de la colección flamenca de los siglos XV–XVI.
Forma parte de una serie de carácter alegórico y moralizante,
en la que se representan los siete pecados capitales
como advertencia visual para el espectador.
En el contexto de La Seo, estas obras no solo decoraban,
sino que también tenían una función didáctica y religiosa,
muy ligada a la mentalidad medieval y renacentista.
Representa los vicios humanos
(orgullo, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza).
Suele mostrarlos como figuras simbólicas
o escenas narrativas donde el pecado conduce al castigo.
Se inscribe dentro del ciclo de “Vicios y Virtudes”,
muy habitual en los tapices flamencos.
Refleja la visión moral de la Iglesia en los siglos XV–XVI:
el pecado como advertencia y la virtud como camino de salvación.


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