El 31 de enero de 1968 se inauguró en Salamanca
el monumento a Miguel de Unamuno,
"en el cruce de dos caminos, como en busca de la verdad"...
junto al Convento de las Úrsulas
y frente a la casa donde él vivió.
La figura aparece envuelta en la toga rectoral
y construida mediante volúmenes cóncavos y convexos,
de los que emerge el rostro de Unamuno
con un gesto intenso y angustiado.
Serrano se sentía especialmente identificado con Unamuno,
tanto intelectual como físicamente,
y consideraba que ambos compartían
una profunda preocupación humanista.
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